En las páginas del Éxodo, encontramos un episodio tan breve como desconcertante, que nos lleva a cuestionar y reflexionar profundamente sobre la obediencia, la fe y el compromiso con Dios. Éxodo 4:24-26 narra un momento de crisis en la vida de Moisés y su familia durante su regreso a Egipto. Pero, ¿qué podemos aprender de este enigmático pasaje?

¿Una Prueba de Fe?

«Y aconteció en el camino, en una posada, que Jehová le salió al encuentro, y quiso matarlo. Entonces Séfora tomó un pedernal afilado, y cortó el prepucio de su hijo, y lo echó a sus pies, diciendo: Ciertamente tú eres para mí un esposo de sangre. Así le dejó luego ir. Dijo ella: Esposo de sangre, por la circuncisión.»

¿No nos llama la atención que, en un momento tan crucial para la misión liberadora de Moisés, la atención divina se centre en un acto aparentemente menor como la circuncisión de su hijo? ¿Acaso no es este un llamado a reflexionar sobre la importancia de cada uno de nuestros compromisos con Dios, incluso aquellos que podríamos considerar menores o secundarios?

¿Una Lección sobre la Obediencia?

¿Por qué querría Dios atentar contra la vida de Moisés, su elegido para liberar al pueblo de Israel? ¿No es, acaso, un recordatorio poderoso de que la obediencia a los mandamientos de Dios no es opcional, sino esencial, incluso para aquellos que son llamados a grandes misiones? La circuncisión, un símbolo del pacto entre Dios y su pueblo, había sido descuidada por Moisés. ¿Nos lleva esto a preguntarnos sobre qué aspectos de nuestro pacto con Dios estamos descuidando en nuestra vida?

¿El Papel de Séfora?

Séfora, al realizar la circuncisión de su hijo, evita que la ira divina caiga sobre Moisés. ¿No es acaso un ejemplo poderoso del papel que cada uno tiene dentro de su familia y comunidad para preservar la fe y asegurar la obediencia a Dios? ¿Cómo estamos actuando nosotros para proteger y promover los mandatos divinos dentro de nuestros hogares y comunidades?

¿Un Recordatorio de Nuestros Compromisos?

Este pasaje nos enfrenta con la realidad de que nuestros compromisos con Dios deben ser cumplidos a cabalidad. ¿Nos hemos tomado el tiempo para reflexionar sobre nuestros propios compromisos espirituales y cómo estamos viviendo de acuerdo a ellos? ¿Estamos dispuestos a actuar, como Séfora, para corregir y preservar nuestra relación con Dios, incluso cuando esto implique tomar decisiones difíciles?

Conclusión

Éxodo 4:24-26, con su brevedad y profundidad, nos invita a una reflexión seria sobre nuestra obediencia y compromiso con Dios. Nos recuerda que no hay aspecto pequeño o insignificante en nuestra relación con el Creador y que nuestra fidelidad a sus mandamientos es crucial, no solo para nuestra salvación individual, sino también para el cumplimiento de su plan divino en el mundo.

¿Estamos listos para tomar nuestro compromiso con Dios con la seriedad que requiere, reconociendo que cada mandato, grande o pequeño, es fundamental para nuestra relación con Él?

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